La terapia presencial es la forma clásica de atención terapéutica. También la más genuina.
Permite el intercambio energético y no sólo el de las ideas.
Permite tomar en consideración la comunicación no verbal, que es una de las formas típicas a través de la cual se manifiesta el inconsciente.
Establece la relación terapéutica con facilidad y rápidez (al menos todo lo fácil y rápidamente que permitan las características de la persona).
La terapia presencial configura un tipo de relación interpersonal característica de nuestro tiempo. Sus connotaciones de profesionalidad permiten el nacimiento de un clima alejado de la urgencia y el alto voltaje emocional, lo que, contra lo que se piensa, nos acerca a una vivencia más auténtica de nosotros mismos. Sólo por eso ya es un relación terapéutica, es decir sanadora.
Toda terapia digna de ese nombre, también la presencial, sobre
todo la presencial, es como un fino
rayo de luz que se abre paso por entre la penumbra
de nuestro inconsciente, atravesándola con delicada nitidez.
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